Vicente Luis Mora

Durante este año y medio de pandemia mundial todos hemos podido ver cómo se multiplicaba lo que en mi libro homónimo he denominado la escritura a la intemperie, es decir, la escritura multitudinaria, tanto amateur como profesional -hecha por internautas y también, a veces, por escritores-, realizada y difundida a través de internet, especialmente gracias a las redes sociales.

No obstante, no estamos ante algo nuevo, sino ante el desarrollo extremo de algo que llevaba algunas décadas sucediendo, porque dentro de la internet 2.0, ya antes de las redes sociales, estaba el blog. Desde sus comienzos, el blog tenía la ventaja de ser borrador y publicación al mismo tiempo —“debido a los computadores”, escribe Alejandro Zambra, “una frase es hoy, más que nunca, algo que puede ser borrado”—, de forma que es un lugar para poner a prueba los textos, como ha señalado Mario Crespo, para someterlos al examen ajeno antes siquiera de que adquieran corporeidad en la imprenta, a tiempo de recibir recomendaciones y sugerencias a través de los comentarios a los diferentes posts. La figura del escritor y la del lector se acercan hasta límites extremos, algunos de cuyos casos entran casi directamente dentro de lo que sería la novela interactiva, completada por el lector / bloguero que accede al texto original y aporta su propia escritura, aunque conviene apuntar que los modos de actuación no son necesariamente homogéneos, ni siempre acarrean las mismas consecuencias. La constitución formal de un blog es una visualización de su conformación literaria: el blog se escribe con temporalidad invertida, como un viaje a la semilla —como las tuitnovelas, según Concepción Torres Begines ¹—, mientras que los comentarios son consecutivos. Quien escribe va en contra del tiempo o se mueve libremente por él —los posts pueden también continuarse debajo de lo escrito, y no es infrecuente verlo—, mientras quien contesta sigue el orden cronológico tradicional.

En otros casos, el blog permite comenzar aventuras creativas que requieren un soporte más dinámico que el libro, sea por su voluntad de publicación por entregas, sea por la unión del texto con la imagen: una muestra puede ser el proyecto del narrador Miguel Ángel Maya Monsieur, comenzado en otoño de 2015, que tenía por objeto ir subiendo a su blog microrrelatos ideados a partir de capturas de Google Street View. Hay blogs, como Habana por dentro de Dazra Novak, que generan nuevos espacios y fórmulas textovisuales para la crónica literaria. Todas estas y otras que veremos son fórmulas que a mi juicio expanden la experiencia literaria, demasiado anclada en sus modelos convencionales en una fórmula jerárquica donde el autor es como un Júpiter inaccesible que dicta la sentencia irrevocable y sin alteración de la obra, para acatamiento de los lectores / administrados.

Estas son solo algunas posibilidades de las relaciones entre literatura y tecnología que podremos ver a lo largo de este curso de verano.

Vicente Luis Mora, Doctor en Filosofía y Letras, escritor y editor del blog Diario de lecturas, participa en la mesa redonda sobre «Creatividad e Inteligencia Artificial» del curso de verano de la UNED Creación de un proyecto de humanidades digitales basado en el análisis de texto, del 28 al 30 de junio. 

 

1 Concepción Torres Begines, “Novelas en Twitter: el fenómeno de la narrativa en 140 caracteres”, Espéculo. Revista de estudios literarios, n.º 54, especial “Narrar en la era digital”, enero-junio 2015, p. 210.

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